Suele pasar que, pese a su irrupción, hasta que
el mercado adopta las nuevas tecnologías se tarda meses e, incluso años. O
nunca, quién sabe. Los precios, altos en el primer momento en el que llegan a
las tiendas en muchas ocasiones, y la falta de interés provoca que su
popularización sea menor de la esperada por parte de los
fabricantes.
Es lo que le sucede a la tecnología «wearable», llamada así por su denominación anglosajona,
y que viene a plantear que los complementos como pulseras, cinturones o gafas,
e incluso la ropa, tomen una nueva forma gracias a la posibilidad de conectarse
a internet. Nuevas funciones y múltiples sensores para calibrar todos
nuestros pasos forman parte de esta nueva era en la que nos encontramos. Pero
las ventas de todas esas pulseras cuantificadoras y relojes inteligentes no han
sido masivas, siendo su acogida muy fría entre los potenciales consumidores.
Estos se han volcado en hacerse con un «smartphone» en los últimos años, pero estos nuevos productos ultraportátiles no han cautivado; no
de momento.
Las escasas posibilidades de muchos de ellos,
siendo la mayoría de los sensores que utilizan destinados a registrar ciertos
datos como los pasos andados o las calorías quemadas, sumado a una duración de
sus baterías muy por debajo de lo esperado, ha desembocado en que la mayoría se
queden en el muestrario de las tiendas. Sí, los «wearables» han ganado
protagonismo desde que en la anterior edición del
CES Las Vegas
se exhibiera el esfuerzo de muchos fabricantes en desarrollar productos de este
tipo. Sin embargo, entre los consumidores ha primado la cautela a pesar del
bombardeo constante de diseños de Samsung, Sony, LG o Motorola
y otras firmas. En esta edición volvemos a lo mismo y todo apunta a que tampoco
será recordada por nada revolucionario, como ya sucederiera en otros años donde
se lanzaron los primeros reproductores de CD en el año 1981 o el televisor de
plasma, en 2001.
Según datos de la firma de análisis de mercado Kantar Worldpanel ComTech, la penetración de los
relojes inteligentes apenas alcanza el 1% en la actualidad. Pero se espera que
este 2015 sea el año en que comience a despegar y, finalmente, se quede entre
nosotros. Este mercado alcanzó el pasado año un valor de 100 millones de euros,
después de venderse alrededor de 960.000 relojes inteligentes, según los datos
que baraja Consumer Electronics Association (CEA), la patronal
norteamericana de la industria de electrónica de consumo, que apunta a que
nueve de cada cien adultos norteamericanos van a adquirir uno de estos relojes a lo largo de los próximos 12 meses. Otro estudio,
elaborado por Ipsos, establece que el 18% de los norteamericanos
comprarán un dispositivo de este tipo este año.
La industria se enfrentará al desembarco del Apple Watch, la apuesta de la firma de
la manzana por estos «cacharritos» y empezará a mostrar, previsiblemente, el
músculo que los expertos vaticinan. Sin embargo, no está claro el impacto que
tendrá este dispositivo en el mercado. Una de las grandes esperanzas en este
ámbito fueron las Google Glass, ahora en peligro de convertirse en un proyecto
olvidado y solo destinado a algunas empresas especializadas. «Símbolo de
arrogancia tecnológica», han vaticinado los expertos de «Financial Times».
Habrá que comprobar si, al final, volvemos a hablar de una
moda pasajera
o el comienzo de una nueva forma de acceder a la tecnología.
Fuente: ABC.es

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