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viernes, 5 de septiembre de 2014

Cómo el Internet de las Cosas transforma lo cotidiano de personas y empresas


Internet de las Cosas (conocida por la sigla IoT, del inglés Internet of Things) hoy es mucho más que una revolución tecnológica.
Fruto de la evolución continua de la computación y de la comunicación, se tornó una revolución social, con impacto directo en la vida de las personas, los negocios y el comercio. De acuerdo con la consultora IDC, el mercado de IoT moverá U$D 7,3 billones en apenas tres años. Asimismo, Gartner estima que hasta 2020, existirán de 26 a 30 mil millones de dispositivos conectados a Internet de las Cosas.
Para entender lo que estos números superlativos representan en nuestro día a día, basta prestar atención al uso que ya hacemos de los dispositivos móviles. Se estima que actualmente una persona está rodeada por cuatro o cinco de estos aparatos, en promedio. Esto es porque la tecnología vuelve nuestras aspiraciones humanas más probables, ayudando a realizar tareas de forma más fácil. Con el advenimiento de los smartphones, uno de los protagonistas de esta nueva era, pasamos a vivir una explosión de conexiones. Nunca antes estuvimos tan conectados con otras personas, ambientes, empresas y objetos.
A diferencia de evoluciones anteriores, en que las grandes novedades tenían su debut en las empresas, como el caso del uso de aparatos de fax, hoy es común que los usuarios posean dispositivos móviles y otras tecnologías para uso personal más potentes que las usadas en el ambiente corporativo. Y esto muestra uno de los grandes desafíos de este nuevo tiempo: las organizaciones precisan prepararse y ofrecer algo más a los colaboradores y al mercado. Compañías de diversos sectores ya han percibido este movimiento y comenzaron a invertir no sólo en aparatos móviles, sino también en aplicaciones y soluciones capaces de transformar toda esta masa de datos en informaciones inteligentes y utilizables.
Así, presenciamos cada día más el surgimiento de estas nuevas tecnologías haciendo conexión entre personas y objetos – los llamados wearable devices (dispositivos digitales para vestir). Con ellos, entre otras funciones, ya es posible medir la presión arterial, controlar niveles de glucosa, medir temperatura corporal, automatizar residencias, controlar temperatura y luz de un ambiente, entregar encomiendas, monitorear lugares, gerenciar flotas, hacer que un auto estacione sólo, controlar producción, entre otras actividades. Todo esto con apenas la ayuda de celulares, relojes, pulseras, etiquetas de radio frecuencia (RFDI) y drones. O sea, ya estamos en la era en que objetos inteligentes nos ayudan a realizar tareas cotidianas, sea en casa o en el trabajo.
Y todo este movimiento camina hacia el futuro, sin ser posible volver a lo que eramos antes – seres desconectados y repartidos entre vida personal y profesional. Hoy, la interacción es frecuente y las empresas ya comprenden el potencial de esta modificación e invierten en el desarrollo de nuevas fuentes de valor. Es posible percibir la presencia de Internet de las Cosas en la creación de nuevos modelos de negocio y servicios on-line, en la generación creciente de informaciones en tiempo real, en la identificación eficaz de usuarios al acceder a sistemas y devices, en el gerenciamiento global de operaciones, en el refinamiento de operaciones inteligentes, en la oferta innovadora de computación en la nube, en el expansivo uso de redes sociales, además del cuidado en la protección y en la privacidad durante el intercambio de todos estos datos interrelacionados.
Sin embargo, antes de que una compañía proponga la interacción entre objetos y personas es preciso un análisis criterioso y honesto para saber si existe en verdad esa demanda.
Es importante identificar si el público objetivo tiene la necesidad de enviar un e-mail por la cocina, por ejemplo, o si fuese más relevante acceder a informaciones en tiempo real sobre el cierre de un contrato importante, o inclusive acompañar en la distancia el cuadro clínico de un paciente. Es primordial usar el buen sentido, para que la tecnología no pierda su razón de existir – la de atender las aspiraciones humanas de forma que se faciliten sus tareas.
Fuente: diarioti.com

viernes, 15 de agosto de 2014

Samsung apuesta por el Internet de las cosas y adquiere SmartThings.


Sabemos que Samsung posee cientos de desarrollos, entre los que se encuentran dispositivos para el hogar con electrodomésticos para todo tipo de funciones, y pese a contar con Smart Home, les hace falta 'ese' impulso que los haga conectar todos esos dispositivos entre sí de manera sencilla y sin complicaciones, y así estar preparados para cuando el Internet de las Cosas tenga mayor alcance.
Hace unas semanas surgía el rumor de que Samsung estaría interesado en adquirir a la startup SmartThings, para así tener tecnología que los ayude en la tarea de automatizar el hogar y de paso, hacer frente a Google con Nest y Apple con Homekit. Pues hoy el rumor se confirma y Samsung se hace con SmartThings.

De Kickstarter a Samsung

Una de esas historias de éxito, es la que le sucede a SmartThings, quienes iniciaron buscando financiación en Kickstarter, donde alcanzaron 1.2 millones de dólares para arrancar el proyecto y ahora dos años después son adquiridos por Samsung por una cantidad no especificada, pero que según TechCrunch, sus fuentes afirman que sería una cantidad cercana a los 200 millones de dólares.
SmartThings se dedica al desarrollo de productos para el hogar, automatizados y monitorizados a través de su aplicación compatible con iOS y Android, productos que van desde sensores de presencia para activar alguna función como apertura y cierre de puertas, temperatura del hogar, sistemas de vigilancia, y muchos productos más.


Con esto, SmartThings tendrá oportunidad de sumarse a la gran cadena de distribución que posee Samsung, llegando a millones de personas, y por su parte, Samsung podrá conectar sus dispositivos existentes y que estén por llegar, teniendo una plataforma robusta con la cual puedan expandir sus capacidades dentro del Internet de las Cosas, así que como vemos es un ganar-ganar para ambas partes. 
Dentro del blog de SmartThings ya se puede leer una carta de su director general, Alex Hawkinson, donde entre muchas otras cosas menciona: 
"Con el respaldo de Samsung seremos capaces de atraer a más desarrolladores y creadores de dispostivos para abrir las posibilidades ilimitades del Internet de las Cosas para los consumidores." 
Ahora el siguiente paso es que los 55 trabajadores de SmartThings se trasladen a Palo Alto, California, para incorporarse a la división Samsung Open Innovation Center, donde seguirán trabajando de manera independiente en lo que se resuelve su participación dentro de Samsung. 
Fuente: xataka.com

lunes, 9 de junio de 2014

¡Peligro!, han «hackeado» mi casa.


El término «smart» -inteligente, en español- se impone en los nuevos productos tecnológicos destinados al consumo masivo. Los grandes fabricantes prometen que con ellos nuestra vida será más cómoda y fácil. Pero en esta nueva era de lo que hemos llamado «internet de las cosas», en la que los objetos cotidianos se enchufan no solo a la red eléctrica sino a internet, los expertos en seguridad advierten de los peligros y riesgos que supone vivir en un mundo hiperconectado.
El teléfono móvil inteligente, el llamado «smartphone», por su denominación anglosajona, se ha convertido en el elemento indispensable de esta transformación social. No solo a nivel más cercano y trivial, donde millones de personas no se despegan de este aparato ni para ir al baño; también será importante para el hogar del futuro («smart home»), en donde la llave de acceso dejará de tener dientes de metal para contar con bordes perfilados, pantallas y baterías. Sí, el teléfono será el centro de todo; mediante su uso se podrá abrir la puerta del garaje, regular la iluminación, activar el aire acondicionado, encender la televisión o avisar al robot de cocina para que comience a calentar la comida. Sí, buenos logros y retos en los que las grandes firmas tecnológicas han empezado solo a bucear superficialmente.
La última en hacerse un hueco en este sector cada vez más competitivo es Apple, que recientemente ha mostrado su apuesta por la domótica -hace años nos aseguraban que era el futuro, pero aún no ha despegado- al presentar HomeKit, una plataforma desde donde se podrá controlar todo tipo de objetos de la «casa inteligente». Claro está, la firma, que siempre suele cubrirse las espaldas en estos casos, solo permitirá sincronizar y controlar las marcas con las que hayan llegado a un acuerdo. Si el usuario pretende utilizar, por ejemplo, una bombilla inteligente, tendrá que ser de la compañía a la que Apple haya aceptado.
Control por voz
¿Se imaginan pronunciar la frase «irse a dormir» y que, automáticamente, las luces se apaguen como por arte de magia? Eso se podrá conseguir gracias al asistente virtual Siri, para algunos un gran desconocido, pero que mediante comandos de voz permite controlar ciertas funciones de los dispositivos. En ese auge por los servicios de domótica, Google, el gigante tecnológico que nació como buscador de internet, pero ahora es el auténtico «Gran Hermano», ha querido afrontar con decisión este cambio de tendencia. Lo ha intentado desde hace tres años con un servicio similar, «Home», que cayó en el olvido. Para corregir sus errores, ha comprado empresas como Nest, especializada en termostatos inteligentes, con la que ha conseguido absorber miles de perfiles de usuarios.
Desde la potente Corea del Sur, Samsung ha dado grandes pasos para meterse en esta casa del futuro con «Smart Home», mediante el cual se pueden administrar todos los dispositivos y electrodomésticos a través de una misma aplicación; el objetivo es que en un futuro, el reloj inteligente «Gear» centralice todos estos movimientos. Por lo pronto, desde sus teléfonos se pueden controlar diferentes modelos de televisión -por supuesto de su marca- mientras que su vecino LG ha querido hacer lo propio con un concepto muy novedoso. Se podrá chatear (sí, chatear) con los electrodomésticos para mandarles actividad. También pequeñas empresas tecnológicas tratan de hacer negocio en este sector emergente. Ahí están «iKettle», un electrodoméstico que se puede controlar desde el móvil al conectarlo a través de la red wifi, o «Smart Lock», una cerradura para puertas que se abren con solo un movimiento del móvil.
Precisamente, y porque la esencia de todos estos aparatos es su conexión a internet, la ciberdelincuencia podrá tener un nuevo objetivo. No son pocas las preocupaciones de las empresas de seguridad informática, que advierten de los riesgos de posibles «hackeos». De hecho, se estima que cuatro de siete kits de seguridad de casas inteligentes son inseguros, según estudios del instituto independiente especializado en seguridad AV Test, y podrían ser víctimas de ataques, por ejemplo, para espiar de cara a un posible robo. «Muchos de los sistemas de las casas inteligentes fueron concebidos con un pobre nivel de seguridad y hacen gravemente vulnerables a los hogares donde se instalaron», señalan fuentes de la compañía de seguridad Kaspersky. Posiblemente, en un futuro, a su vecino no le roben a punta de pistola, sino con un móvil de esos táctiles que roban cada día la atención a los viandantes.
Fuente: ABC.es

lunes, 2 de junio de 2014

‘The Economist’ carga contra el Internet de las Cosas.


“Las expectativas son enormes: La consultora Gartner calcula que unos 26.000 millones de dispositivos estarán conectados a Internet en 2020. Otra consultora, ABI Research, sube a la cifra a 30.000 millones, mientras que [la empresa californiana de telecomunicaciones] Cisco Systems los cifra en no menos de 50.000 millones. Cisco está tan enamorado de la ‘Internet de las Cosas‘ que ha instalado un conector de conexiones en su sitio web. El 26 de mayo, el número de cosas conectadas a Internet era de más de 12.400 millones y subiendo”.
Así empieza el artículo que ha dedicado esta semana The Economist al ‘Internet de las Cosas’ (en adelante IoT, por las siglas en inglés). Un artículo que sorprende por su tono abiertamente crítico en un momento en que muchos ven este concepto como un referente tecnológico y comercial a medio plazo.
En el texto, la veterana revista de análisis económico recuerda cómo el número de búsquedas sobre el IoT se había mantenido estable hasta mediados de 2013 cuando empezó a subir como la espuma hasta alcanzar su máximo en febrero de este mismo año, coincidiendo con la adquisición por 3.200 millones de Nest a manos de Google (convirtiéndose en la mayor compra de esta compañía desde la de DoubleClick en 2007). Y evalúa las expectativas que se están creando: “Se espera un aluvión de anuncios de nuevos e ingeniosos sensores que susurrarán datos de manera inalámbrica sobre el nivel de la glucosa, de la tinta de la impresora, de la maduración de los cultivos, o lo que sea. Otros se apresuran a unirse al floreciente sector hablando de desarrollar cada vez mejores algoritmos para extraer la información útil entre la inundación de datos que provocarán los miles de millones de sensores”.
Sin embargo, la publicación no parecer considerar muy justificadas las altas expectativas depositadas en IoT: “Muchos terminarán decepcionados”, vaticina, antes de aclarar que esta tecnología no es la disrupción transformadora que muchos creen que puede cambiar nuestra forma de vivir, trabajar, aprender y comprar. “Sencillamente faltan demasiadas piezas en el rompecabezas“. Para The Economist, “la elaboración de los sensores y algoritmos son la parte fácil” pero pocos desarrolladores están abordando la parte difícil que conectaría a ambos: asuntos tan poco glamurosos como los estándares, la interoperabilidad, la privacidad y protección contra ataques maliciosos, o los derechos de propiedad intelectual. “Tardarán años en resolverse, y sólo cuando lo estén la IoT tendrá alguna posibilidad de transformar la sociedad de manera significativa”.
A continuación, pasa a citar varios casos que ejemplifican la falta de seguridad de esta nueva tecnología. Como la denuncia de la Comisión Federal de Comercio de Estados Unidos contra TrendNet, por vender cámaras de seguridad controlables vía Internet que carecían de medidas de seguridad razonables, lo cual puso a los pies de los crackers la privacidad de 700 usuarios de la compañía. El artículo se hace eco de una advertencia obvia: “Cuando los dispositivos mecánicos son controlables vía Internet, siempre habrá un riesgo de que el control caiga en las manos equivocadas [...]. Por ejemplo, un frigorífico se puede desconectar de forma remota, un baño puede ser activado y funcionar durante un fin de semana, inundando la casa [...]. Más en serio, se pueden alterar también un suministro de insulina o los frenos de un coche”.
Sin duda, una reflexión tan polémica como posiblemente necesaria para rebajar el grado de tecnoutopismo de ciertos opinadores.
Fuente: ticbeat.com

miércoles, 28 de mayo de 2014

«El internet de las cosas es la tercera revolución industrial».


Varios expertos en vidas digitales, ciudades inteligentes y sociedad de la información se han reunido en un desayuno promovido por el Centro Nacional de Tecnologías de la Accesibilidad (CENTAC) para discutir sobre las nuevas tecnología.
Para Alberto Araque, Nuevos Negocios Digitales de Telefónica España, el «internet de las Cosas supone una tercera revolución industrial que va a facilitar la vida». Según ha expuesto, para que el internet de las cosas funcione «hay que poner en el centro a las personas». «Internet de las Cosas mezcla la información y la gestiona el usuario. Es un cambio radical en la prestación de los servicios», ha señalado.
Pero Araque no fue el único que apuntó el beneficio que podría acarrear el «internet of Things». «Dar inteligencia en los objetos nos hace la vida más fácil», ha evaluado Pilar Fernández, manager de Marketing M2M Vodafone Sur de Europa.
«La tecnología va a estar en nuestro cuerpo, no necesitaremos solo un Smartphone. A medida que la tecnología se hace masiva es mucho más fácil», ha explicado Jorge Lang, director de Innovación de Intel Corporation.
Para este directivo, el internet de las cosas va a impactar de buena manera en las Smart Cities o ciudades inteligentes. «De cara a gestionar la vida en las urbes toda la información debe estar digitalizada y los procesos deben ser inteligentes», ha indicado Jorge Lang. «Aplicando el análisis de los datos, BIG DATA, Internet de las cosas nos permite avanzar en la predicción y tomar decisiones en tiempo real», ha agregado
Con respecto a la regulación del Internet de las cosas, los expertos coinciden en que «la ley va por detrás de la tecnología». Según Jorge Lang es una preocupación seria porque toda la información en Internet está en abierto.
Fuente: ABC.es

jueves, 15 de mayo de 2014

Las máquinas vending se introducen también en el Internet de las cosas.


El Internet de las cosas extiende sus tentáculos hacia todo tipo de dispositivos, y esas máquinas vending con las que solemos toparnos en los vestíbulos de estaciones, gimnasios y lugares de trabajo no son una excepción.
No solo se trata de que incorporen una pantalla táctil, conexión a Internet o la posibilidad de gestionar pagos móviles o a través de la tecnología NFC (Near Field Communication); “unos sistemas de vending inteligentes ofrecen a los consumidores experiencias más divertidas, personales e interactivas”, explican desde Intel, donde están trabajando en este terreno.
Como aquella innovadora máquina con la que se presentó Oreo en la última edición del festival SXSW, celebrado en Texas, que permitía a los elegir sus propias galletas Oreo personalizadas entre doce opciones diferentes de sabores y colores, cocinándoselas –imprimiéndolas en una impresora 3D- en el momento y conectándose a la red para saber qué galletas son trending topic en la red.
Intel pretende crear un nuevo diseño de referencia para las máquinas de vending, que combina sus procesadores con una tarjeta de E/S y un ecosistema de software, con el objetivo de “transformar la arquitectura de los sistemas de vending, convirtiéndolos en soluciones integrales preparadas para el Internet de las Cosas”, reza una nota de prensa.
Entre los problemas que podrían solucionarse con estas nuevas máquinas inteligentes figuran, por ejemplo, los abultados costes que normalmente implica gestionar estas máquinas. Conectarlas, para monitorizar el estado y los niveles de inventario de sus sistemas, ayudaría a evitar reposiciones y servicios poco eficientes, reduciendo, así, significativamente los costes de gestión de las máquinas.
La conexión de las máquinas vending a una red también permitiría remitir incidencias de mantenimiento, notificar posibles hurtos y ofrecer programas de fidelización a los clientes como los cupones digitales.
Y es que interconectar las ventas y el marketing con las operaciones que se produzcan en estas máquinas en tiempo real posibilita potenciar la satisfacción y la fidelidad de los consumidores.
“La flexibilidad de software y una conectividad total fomentará la implantación de nuevos e innovadores modelos de negocio dentro del mercado del vending y transformará su futuro” dice Jose Avalos, director internacional de la división Visual Retail de Intel.
Fuente: ticbeat.com

miércoles, 9 de abril de 2014

Internet de las cosas: más dispositivos, más datos, más riesgos.


Hasta hace no mucho, estaba bastante claro cuáles eran las funciones de los ordenadores y, por tanto, qué consecuencias podía tener un ataque malicioso. Archivos que se borraban, páginas de inicio no deseadas en nuestro navegador y troyanos que nos espiaban, pero todos ellos, al fin y al cabo, en un equipo de sobremesa que solíamos apagar al terminar el día. ¿Qué pasará, en cambio, en ese futuro del que nos hablan, en el que nuestro reloj, nuestra cocina y nuestro coche también serán ordenadores y también estarán conectados?
Es, sin duda, una de las grandes preguntas de la seguridad actual. El Internet de las cosas abre un inmenso abanico de oportunidades, pero también de riesgos. Ya está siendo difícil concienciar a la población de las precauciones que deben tomarse con la información que se facilita a través del smartphone, así que los momentos iniciales de la moda de los wearables prometen ser, también, complicados, ya que costará que los usuarios tomen conciencia de la gran cantidad de información que se puede enviar a través de estos dispositivos conectados y que, por tanto, puede hacernos vulnerables.
Un artículo publicado en Computer World por Jaikumar Vijayan señala varios puntos de la transición hacia el Internet de las cosas en los que habrá que poner especial atención y cuidado: por ejemplo, esta nueva era exagerará el volumen de los ciberataques, se abrirán nuevos puntos de vulnerabilidad en los sistemas de las empresas y los ataques a los nuevos dispositivos conectados podrían, por ejemplo, generar daños físicos a sus usuarios.

Una simple cuestión de probabilidad
Empecemos por el más impactante, el último. Vijayan recuerda que, entre los nuevos dispositivos conectados, en los que será casi imposible, al menos al principio, encontrar un estándar tecnológico debido a su gran diversidad, hay aparatos relacionados con la sanidad, como, por ejemplo, los medidores de la glucosa. Intervenir de forma maliciosa ese tipo de dispositivos podría infligir graves daños fisiológicos a sus usuarios. Y no solo esos: coches, sistemas de calefacción, aires acondicionados… cuando todo tenga una IP, todo será más fácil de manipular desde fuera, aunque muchos expertos ya pidan un poco de calma y recuerden que no son este tipo de ataques los que más benefician a los hackers, sino otros más encaminados al espionaje industrial.
Otro de los riesgos derivados de este nuevo escenario será que la ausencia de un espacio de conexión inalámbrica cerrado para las empresas provocará el nacimiento de “intersecciones”, como las llama Vijayan, entre las redes corporativas y el Internet de las cosas, es decir, puntos especialmente vulnerables a los ataques de los ciberdelincuentes.
El caso es que el Internet de las cosas genera mucho más endpoints, y por tanto, por una mera cuestión de probabilidad, abre muchas más brechas de seguridad. Las previsiones estiman en miles de millones la cantidad de dispositivos conectados que en 2020 habrá en el planeta, y eso significa que en cada hogar habrá, al menos, unos cuantos. La diversidad y la heterogeneidad de los mismos, además, hará muy difícil encontrar un estándar o ciertos estándares tecnológicos, al menos al principio, y dibujará un panorama de seguridad muy diferente al que estamos acostumbrados.

Como ya sucede con los smartphones

Como nos dijo en su momento David Sancho, responsable del equipo de investigación de Trend Micro en Iberia y como recordaban también hace poco desde la compañía Kaspersky, con los dispositivos conectados está sucediendo exactamente lo mismo que pasó con los móviles, que “antes solo mandaban mensajes y hacían llamadas y ahora son máquinas cada vez más complejas, con grandes capacidades de conexión”.
“Existe un riesgo general de que te puedan manipular, de que tu conexión a Internet pueda convertirse en un punto de espionaje”, nos alertó entonces Sancho, que hizo especial hincapié en los datos de las geolocalizaciones y en los procedentes de mediciones, como la de las pulsaciones (eHealth) o los pasos (smart bands).
Fuente: ticbeat.com