Facebook lo sabe todo de sus usuarios. Que no le
engañen. En el mismo instante en el que un usuario le da al botón «me gusta», ese simple gesto queda guardado y
monitorizado en alguna parte de la arquitectura de la red social. Porque,
debajo de los datos que proporcionamos (gratuitamente) hay un búnker de
información demasiado seductor como para pasar de largo.
Puede que muchos usuarios no sean conscientes de
que Facebook, más allá de ser un simpático y práctico muro en el que subir
imágenes de viajes o desahogarse mediante un reguero de palabras, también es una profunda fuente de datos para los investigadores
académicos, tanto dentro como fuera de la empresa. Una verdadera
mina de oro. El negocio del siglo, a todos los efectos. No olvidemos que, a día
de hoy, nadie le hace sombra; es la mayor red social del mundo gracias a sus
más de 1.300 millones de usuarios, un tercio de la población global. Imagínense que esta red social fuese un país.
Después de todo, no hay más que pensar en la
vasta información que millones de personas regalan libremente a este lugar que
ha hecho del «me gusta» un nuevo eslabón de la cadena de la amistad. Y, para
colmo, lo hacen de forma inconsciente. Un simple e inocente comentario supone a
la compañía la oportunidad de beber del manantial de la sabiduría. Y sí, Facebook lo sabe todo de usted, lector, no solo su nombre, sus
apellidos, su edad y los centros educativos por donde ha pasado,
sino también los lugares que visita, sus ideologías, sus estados emocionales y
todo tipo de aficiones y gustos que, al final, sirven de base al negocio. ¿No
ha pensado nunca por qué a usted, que en su biografía incluye una relación de
casado, no le aparecen anuncios de páginas de ligues como su amigo que se
define como soltero? No es casual.
Por tanto, estamos ante un lugar muy goloso para
poder extraer acertadas y completas estadísticas sobre el comportamiento del
ser humano. Es el sondeo más completo de la historia. Ha quedado demostrado
tras desvelarse la manipulación de 689.003 cuentas de usuarios para elaborar un
estudio psicológico en colaboración a dos universidades norteamericanas
(Cornell y San Francisco). La conclusión de todo fue que existe un «contagio
emocional» sobre nuestras reacciones. Para comprobar esta tesis, a un grupo se
le enviaba más noticias positivas o negativas. Se realizó sin el consentimiento
ni aprobación del usuario.
Tomados a granel, todos nuestros datos
representan el mejor mapa social acerca del comportamiento humano. Desde al menos el año 2008 -la marca llevaba volando por internet
unos cuatro años- la plataforma dispone de su propio centro de
investigación para recolectar y analizar los datos de usuario, según asegura
«The Washington Post». «Con toda la información que le damos a Facebook un buen
analista sería capaz de extraer perfectamente perfiles psicológicos a un nivel
de profundidad como nunca se ha hecho antes», reconoce Manuel Chao, responsable del departamento de SEM de la
agencia de marketing online Hello, al tiempo que duda de
si es positivo el sacrificio de la ética en función de un estudio estadístico.
Aunque gran parte de estos análisis sirven de
base para la mejora de servicios publicitarios a fin de hacer más rentable de
la red (ingresó 2.509 millones de dólares en 2013), Facebook también ha
utilizado sus datos para alimentar una serie de estudios académicos sobre temas
de relevancia social. «Facebook es una red muy emotiva. Es nuestra vida privada
la que exponemos ahí. Lógicamente, tiene un impacto en la forma en la que nos
sentimos. Aunque sea legal [porque se aceptan voluntariamente las condiciones
de uso en el momento de ingresar], no ha sido muy ético», señala al diario ABC Ismael El-Qudsi, responsable de la agencia Internet República, especializada en
medios sociales. «Lo que se ha demostrado es lo manipulables que somos las
personas. Subyace la idea de si los productos de internet deberían ser de pago,
porque si estás pagando, el usuario puede tener ciertos derechos. Al ser un
producto gratuito tú eres el precio. Facebook está jugando con nosotros como
cobayas, para ver los comportamientos que hacemos».
«Está claro que el valor de Facebook es ser
capaz de manipular a la gente a su antojo. El modelo de negocio está clarísimo.
Me sorprende que la gente se sorprenda. Detrás de este experimento ha habido
investigación académica. Son experimentos necesarios para comprobar cómo se
comporta la gente y conocer las palancas que nos mueven. Facebook, ahora, está
en el punto de mira y le ha tocado, pero como socióloga no puedo verlo mal.
Está poniendo a nuestra disposición una gran herramienta por la que no pagamos,
encima es gratis, ¿y pensamos que no van a hacer nada?», manifiesta Silvia Leal, directora del departamento de Tecnología
del Instituto
de Empresa y
asesora de la Comisión Europea.
En ese potente recolector de información
personal llamado Facebook trabajó Jeff Hammerbacher,
uno de los fundadores de la empresa de análisis de grandes datos Cloudera, que
investigó acerca de la forma en la que los usuarios consumen los anuncios
publicitarios en internet. Es momento de reflexión después de conocerse el
controvertido experimento psicológico. Se aplicó a una ínfima fracción de todos
sus perfiles, es cierto, pero lícito o no, lo cierto es que durante una semana
miles de usuarios quedaron sesgados de la información de sus contactos,
coartados de la libertad de recibir las actualizaciones de los mismos, aunque
solo fueran comentarios nimios y banales. Este mundo virtual, para muchos
una continuación o réplica de la realidad, quedó reducido y sesgado sin tener
conocimiento de ello.
No es de extrañar que se haya comenzado a
aplicar los datos de Facebook en analizar incluso la vida sanitaria de las
regiones. De hecho, varios expertos de Facebook y laboratorios de genética
colaboran para ayudar a los médicos a hacer predicciones personalizadas sobre
sus pacientes. El problema de aquel estudio de marras, dicen los expertos, es
que todo se hizo sin el consentimiento de las personas. Y, tras conocerse este
episodio, voces críticas no han dejado de aparecer. La última ha sido el centro
de investigación Electronic Privacy Information Center
con sede en Washington (EE.UU.) ha asegurado que en el momento del estudio la
política de uso de datos de Facebook no recogía que los datos de las personas
se iban a utilizar con fines de investigación y que la compañía no informó a
los usuarios que su información personal será compartida con investigadores. Cuatro meses después lo hizo. Nada es casualidad.
Fuente: ABC.es

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