Buscan conquistar la muñeca. Se
habla mucho de ellos, pero lo que ha hecho posible el despegue de los
dispositivos ultraportátiles que emergen en la tecnología «wearable» -vestible,
en español- ha sido la evolución de los sensores, los cuales son capaces de
captar todo tipo de movimientos, temperaturas e, incluso, frecuencias cardiacas.
Sin duda ha supuesto una revolución,
que habrá que testar y analistas pormenorizadamente su implantación en la
sociedad. Aunque las firmas de análisis de mercado vaticinan un crecimiento
exponencial para los próximos años, al tratarse de un negocio relativamente
nuevo hay que ser prudentes. ¿Cambiará la sociedad? ¿Es
solo una moda? ¿La fiebre se pasará pronto? Tal y como relevaba un
informe de la compañía de análisis Endeavour Partners, un tercio de los propietarios de
las pulseras inteligentes las abandona pasado los seis meses. Hasta Steve Wozniak, fundador de Apple, criticaba
recientemente al Galaxy Gear, uno de los
dispositivos que lidera el sector.
Pese a estar en pañales, las grandes
firmas se han volcado en la tecnología vestible, que empieza a hacerse un hueco
a través de pulseras cuantificadoras y relojes conectados, dispositivos que
actúan de sensores corporales y vislumbran nuevos usos en el ámbito de la
salud. Estos «gadgets» son una pequeña pata del llamado «Internet de las
cosas», aunque sus usos se limitan aún al ámbito de la actividad
física o a ser sencillas extensiones de los teléfonos móviles inteligentes,
señala en un reportaje la agencia EFE.
En ese escenario, compañías como
Google y Apple ya han dado pasos para, aprovechando la alta penetración de la
tecnología personal, ahondar en el entorno de la salud. En concreto, Apple
presentó hace unas semanas la aplicación Health, destinada a
centralizar toda la información sobre la salud y la actividad del usuario: variables
como el ritmo cardíaco, el nivel de glucosa en sangre o la frecuencia
respiratoria.
Por su parte, la tecnológica de
Mountain View (California) ha anunciado la plataforma Google Fit, también pensada para organizar toda la información física que pueda
recolectar un usuario. Hasta que estas iniciativas se materialicen de forma
sólida, pulseras y relojes conectados actúan de avanzadilla de
esta nueva era de medición y monitorización.
Trabajan asociados a un teléfono
móvil inteligente o a un ordenador y su actividad se centra básicamente en
medir el movimiento, con el objetivo de promover una vida saludable, y el sueño
de una persona. Los más sofisticados actúan como extensión del «smartphone» y
permiten desde recibir alertas de aplicaciones móviles a contestar llamadas.
Ejemplos
pioneros
Entre los dispositivos «ponibles»
sin pantalla destacan Shine, Smartband de Sony, Jawbone Up
24 y las pioneras, Fitbit Flex y Nike Fuelband. Todos miden y
recogen datos corporales que luego el usuario puede analizar en su dispositivo.
Shine ha sido el último en llegar: es un pequeño disco metálico resistente al
agua que puede llevarse en la muñeca o en otras partes del cuerpo para
monitorizar distintos tipos de actividad física (correr, caminar, nadar, montar
en bicicleta) y los ciclos de sueño. El único que funciona a pilas,
es resistente al agua y compatible con iOS y Android y sirve de reloj gracias a
sus minúsculos puntos luminosos, que también informan del progreso diario del
objetivo físico marcado.
Fitbit Flex es una de las más populares: una pulsera de plástico de distintos colores
que mide los pasos y las calorías quemadas, controla el sueño y actúa de
despertador silencioso mediante vibración. En esa línea trabaja también Jawbone Up24, cuya aplicación permite analizar la
actividad y el sueño en conjunto con datos de alimentación y estados de ánimo.
La veterana Nike Fuelband, que acaba de llegar a Android, se centra
exclusivamente en medir el movimiento -su intensidad y frecuencia- y su
software trata de motivar al usuario a que alcance los objetivos que se ha
propuesto. Smartband, la colorida propuesta de Sony, también registra el sueño,
los pasos dados o las calorías quemadas, pero además sirve de despertador
silencioso mediante vibración.
Compatible con teléfonos Android, se
conecta mediante NFC con la aplicación Lifelog, que pretende
ser un centro de representación visual de qué ha hecho un usuario a lo largo
del día: no sólo su actividad física, también las fotografías que ha tomado,
los correos que ha recibido, la música que ha escuchado, los lugares a los que
ha acudido e incluso las notificaciones de Facebook recibidas.
Un poco más lejos que las pulseras
tratan de ir los dispositivos con pantalla táctil, la mayoría relojes
inteligentes que actúan como extensión del teléfono, entre los que se
encuentran Pebble, Samsung Gear Fit o Gear 2 y Sony Smartwatch 2.
En este ámbito, Google presentó en su conferencia de desarrolladores, Android
Wear, su apuesta para la tecnología vestible.
Google pretende que Android Wear sea la llave de entrada a un mundo de múltiples pantallas. Los dispositivos
que funcionen con Android Wear ofrecerán información que consideren relevante
para el usuario, mostrarán notificaciones de aplicaciones móviles, permitirán
gestionar llamadas y controlar la música y se podrán manejar con la voz. Samsung, LG y Motorola ya han desarrollado relojes
para Android Wear, si bien el más prometedor es el Moto 360, el único de
formato circular hasta la fecha. Se espera que Apple contraataque en septiembre
con su propuesta en este campo, el largamente rumoreado iWatch.
Fuente: ABC.es

No hay comentarios:
Publicar un comentario