La
tendencia es clara: tecnología más inteligente, que «comprenda» las necesidades
del usuario, que le sugiera y, como los avances tecnológicos han provisto desde
hace siglos, hacernos la vida más cómoda y fácil.
Las
televisiones se acompañan ahora del nombre de «smart». Esos avances han entrado
de lleno en la cocina. Para los fabricantes de productos electrónicos, esta es
la nueva frontera a explorar. Empresas japonesas como Panasonic o Toshiba desvían
numerosos ingenieros en investigar nuevos productos de consumo en estos
«aparatos inteligentes». De ahí nacen frigoríficos que recomiendan la cena y
envían alertas sobre los productos alimenticios, lavadoras controladas por
comandos de voz o robots de cocina cada vez más inteligentes.
Sin
embargo, todos estos aparatos siguen estando muy arriba en el escalafón como
para que el consumidor medio pueda permitirse el lujo de llevarlos a casa. El
deseo no suple al bolsillo. «Por ahora son caros y desalientan a los
compradores», cita la agencia Reuters. El precio de una «nevera inteligente»
llega a 2.800 dólares (2.000 euros), una televisión de última generación se
puede comprar por 2.500 euros.
Pero
a medida que la «inteligencia» inunda el mercado con productos novedosos, los
precios se reducen. Una máxima económica, que permite que las ventas globales
de aparatos inteligentes se dispare. De acuerdo con la empresa global de
investigación de mercado Pike Research, de
aquí a 2020 más de 3.500 millones de dólares frente a los 600 millones
registrados el último año.
Japón
ha estado metida en millones de pérdidas en los últimos años, atrapado por los
altos costes de fabricación que han corregido rivales procedentes de China o
Corea como Samsung Electronics. Para prosperar en el nuevo nicho de mercado,
las empresas niponas no sólo deben convencer a los consumidores de pagar por
toda una nueva serie de aparatos sino que también tendrán que defenderse contra
los mismos rivales asiáticos más baratos que robaron su trueno en la
electrónica de ocio.
«Todo
el mundo dice que tener la misma marca para los productos sería un ahorro más
eficiente de la energía, pero al final todo se reduce a los precios y la
función de cada producto», dijo Wakamatsu Satomi,
ama de casa de 41 años de Hiroshima, en declaraciones a esta agencia de
noticias.
Como
las ventas de aparatos audiovisuales digitales han disminuido en los últimos
años, muchas empresas japonesas han cambiado el orden de cosas.
Tradicionalmente, sus productos de electrodomésticos lideraban los mercados.
Panasonic perdió este año 160 millones de dólares en su línea de productos de
audio y televisión cuando hace varios años sus aparatos
representaban el 12% de su beneficio total.
Fuente:
ABC.es

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