Un
experimento llevado a cabo por cinco alumnas de un instituto de secundaria en Dinamarca ha despertado el interés de la comunidad
científica sobre los efectos que las ondas emitidas por
los móviles y los routers con WiFi pueden ejercer sobre el
entorno, en concreto, sobre las plantas.
Estas
cinco chicas, que querían averiguar por qué tenían la sensación de que se
concentraban mucho peor aquellos días en los que habían dormido con el móvil
junto a la cama, decidieron probar los efectos de las ondas emitidas por un
router sobre semillas de plantas.
Escogieron
un router porque el tipo de microondas que emite es muy
similar a las que transmiten los teléfonos móviles, y ubicaron junto
a este dispositivo una maceta con seis semillas de berro sembradas. Después, en
otra habitación independiente, en la que las condiciones eran las mismas (agua, temperatura y luz solar fueron controladas por las chicas
para que así fuera), a excepción de la ausencia, en este caso, del
router, plantaron otras seis semillas de berro del mismo tipo en otra maceta.
El
resultado, tras doce días de experimento, es que las semillas que
no se situaban junto al router germinaron normalmente, mientras que las que sí
estaban ubicadas en la habitación del módem habían mutado de color y forma: estaban
marrones, ajadas y resecas.
En
declaraciones recogidas por Mashable, la profesora de
estas cinco alumnas, Kim Horsevad , ha explicado que, aunque las alumnas
repitieron dos veces el experimento y lo hicieron lo mejor que pudieron dentro
de sus habilidades, «no se trata de un estudio profesional, sino
de un experimento de instituto».
No
obstante, Horsevad ha defendido ante los medios que sus
estudiantes se encargaron de controlar que las condiciones fueran
exactamente las mismas para ambas macetas de semillas. Entre las reacciones que
ha despertado la noticia, muchas aseguran que fue el calor del router lo que ha
secado las semillas, y no sus microondas, ante lo cual Horsevad responde que el
dispositivo estaban ubicados a la distancia suficiente como para que esto no
sucediera y que la temperatura de las plantas fue comprobada y monitorizada
mediante un termostato.
«Puede que haya otras variables que se nos hayan escapado a
las alumnas o a mí, pero no sé cuáles pueden ser», ha confesado Horsevad.
En
cualquier caso, el experimento ha despertado interés más allá de los periódicos
y las fronteras danesas. Un profesor sueco de neurociencia, Olle Johanssen, y el doctor Andrew
Goldsworthy del Imperial College de Londres ya han manifestado su intención de repetir esta misma prueba en un
entorno de laboratorio profesional. Habrá que ver hasta dónde llegan
los resultados esta vez, y si hay ocasión de comprobar si las sospechas de las
alumnas danesas sobre la influencia del móvil en su capacidad de concentración
eran fundadas.
Fotografía
de Mashable en la
que se muestran (izq) las semillas cercanas al router.


No hay comentarios:
Publicar un comentario